LA PROVENZA FRANCESA INTERIOR EN 5 DIAS

Actualizado: 14 de jun de 2019

VIAJE A LA PROVENZA INTERIOR EN 5 DÍAS CON UNA BEBÉ DE 6 MESES


Datos útiles para el viaje:


·Los franceses comen alrededor de la una. Eso hizo que casi todos los días tuvieramos dificultades para encontrar restaurantes a nuestra hora de comer.


·Los precios son algo más altos que en España, pero bastante asumibles.


·A los franceses de Provenza les gusta conversar. Por supuesto, Daniela era el centro de la mayoría de éstas conversaciones con desconocidos.





Hacía tiempo que no realizábamos un viaje largo. Desde que Daniela nació ninguno había durado más de 4 días. Con la niña ya de 6 meses decidimos pasar fuera de casa 21 días, 5 de ellos en la Provenza francesa. Y ésta fue nuestra aventura:


La idea inicial era volar directos de Lanzarote a Toulouse, pasar 2-3 días incluyendo Carcasona (Carcassonne), y a continuación marchar a la Provenza, pero...llegamos al aeropuerto con todos los bártulos cargados a reventar, con una ilusión que nos salía por las orejas, unas orejas de Daniela que nos comíamos a besos cuando ya con el check-in hecho, llegamos al mostrador. Nos dijeron que no podíamos pasar. Por lo visto, para volar al extranjero, un bebé necesita un DNI, no como al volar entre islas (canarias), que con el libro de familia basta (también llevábamos su certificado de residente). Pero ésta vez no bastaba, era sábado, y la persona que teníamos delante no nos daba una solución alternativa que no fuera un cruce de brazos que significaba "de aquí no pasáis". Acabábamos de aprender la primera lección de viajar con bebé.


Así que volvimos a casa con el coche a reventar de trastos. Nuestras cabezas nos decían "adiós viaje", "pues nos vamos a Fuerteventura, y ya está". No entendíamos que nadie nos hubiera dicho nada hasta ése momento respecto al DNI de Daniela en el proceso de compra del billete. Claro que entendíamos que hay unos requisitos que debíamos haber sabido, pero no entendíamos que sin el DNI te dejaran no sólo comprar un billete, sino además hacer el check in sin requerir en ningún momento lo que luego sí iban a pedir en la puerta del avión.



El caso es que el fin de semana pasó sin poder hacer nada, y llegamos al lunes. Hicimos el DNI de Daniela en la comisaría con cita previa y volvimos a casa. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Nos quedábamos en casa, o nos íbamos? "Nos vamos" dijimos, aunque eso no lo habíamos tenido tan claro el sábado al volver del aeropuerto. Así que nos pusimos a mirar por internet las maneras de llegar a La Provenza desde Lanzarote para aprovechar lo que habíamos pagado, y cumplir los sueños de viaje que seguíamos teniendo. Enseguida vimos que ninguna de las posibilidades era tan cómoda como el vuelo directo a Tolouse que habíamos perdido. Nos decidimos por un billete que nos obligaba a quedarnos una noche en Barcelona y desde ahí, coger el AVE al día siguiente hasta Avignon. Teniendo en cuenta que teníamos a una bebé de 6 meses, la idea no era de lo más seductora. Era eso o no ir de viaje, así que sacamos las tarjetas de crédito, y el sonido del cajero sonó varias veces (avión, hotel y tren). No habíamos ni salido de casa y ya se nos habían esfumado varios cientos de euros. Las ganas de viajar nos podían.


Por fin cogimos el avión, nos quedamos ésa noche en Barcelona, aprovechamos para ver algunos amigos, y al día siguiente por la tarde nos esperaban 4 horas de tren hasta Avignon. Ya no había marcha atrás.


A eso de las 21.30 de la noche llegamos a la estación de Avignon donde entre alguna queja de una cansada Daniela y alguna ojera de los intrépidos padres, teníamos que coger el coche de alquiler para llegar al pueblo de Lagnes. Ahí estaba el apartamento que habíamos alquilado para 4 noches (la quinta noche la pasaríamos en un coqueto hotel de Avignon).


Pero...oh, sorpresa, mi carnet de conducir estaba caducado. Isa y yo nos miramos el uno al otro mientras la tierra nos tragaba en sus entrañas a cámara lenta. Cuando ya teníamos la mitad de nuestros cuerpos enterrados y olíamos a tierra, Isa metió sus dedos en su cartera y vio que tenía su carnet de conducir, para milagro de todos los allí presentes. Normalmente no se lo lleva de viaje para no perderlo. Así que cuando ya estábamos firmando diversos contratos "divertidísimos" de leer para nuestros ansiosos ojos, el personal, que por otra parte era muy amable y comprensivo, nos comentó que no tenían silla para bebés en ésa oficina. Alguien de la empresa se había olvidado de rellenar no sé qué...vamos, que si pensábamos llegar a casa antes de las doce como cenicienta, mejor nos leíamos el cuento. Menos mal que habíamos cenado un bocata en el tren. Nos dieron 2 coches a elegir, y ni en el más grande cabían las cosas sin hacer un tetris...pero tras varios intentos, las piezas encajaron en uno de los coches, y el efecto dominó contagió al resto del viaje.


Pasando rápido la película, los dueños de la casa nos esperaban pacientemente con las llaves en las manos y tanto sueño en lo ojos como nosotros. Nos acostamos. Provenza nos esperaba al día siguiente.


DIA 1 : GORDES Y ROUSSILLÓN


El pueblo donde nos quedamos a dormir se llamaba Lagnes. Lagnes es un pueblo muy pequeño y bonito, que está muy bien ubicado en la zona que íbamos a visitar. El área que íbamos a recorrer con nuestro flamante coche de alquiler eran los pueblos medievales al este de Avignon, así como Arles y Saint Remy, al sur de Avignon. Terminaba el viaje con una última noche en Avignon.


Nuestro viaje de 6 días por La Provenza

Así que en cuanto nos levantamos y desayunamos, pusimos rumbo a Gordes. Gordes es un pueblo medieval espectacularmente colgado de una colina. Cuando estás llegando por la carretera, aparece de repente una imagen de postal alucinante que se estampa en tus narices y te dispara la imaginación llevándote a tiempos muy antiguos.


Por supuesto, lo primero que quisimos hacer fue sacar el dron y grabar aquello que veíamos, para lo cual internet no nos había preparado. Había que inmortalizarlo desde el aire. Así que casi casi temblando, sacamos nuestro aparato con hélices y vimos desde la pantalla del móvil un lugar impresionante. En ése momento nos dimos cuenta que el pueblo nos iba a tomar más tiempo de visita del que habíamos planeado.


Recogimos el dron en la mochila y los 3 subimos una empinada cuesta desde el parking hasta el pueblo. Por cierto, como en varios de los pueblos más bonitos, hay que pagar para poder aparcar, normalmemte en las afueras. En éste caso el coste fue de 4 euros. Los 4 euros te permitían aparcar durante 4 horas, tiempo suficiente para callejear Gordes.


Gordes desde nuestro dron

Lo primero que se ve es el pueblo coronado por la Iglesia de San Fermín y un castillo medieval, indicador este último de que no debieron vivir muchos tiempos de paz, como así se puede confirmar googleando un poco por internet. La sangre derramada es una característica común en la historia de ésta zona de Provenza.


Rodeando a la iglesia y al castillo, hay un laberinto de calles a cada cual más estrecha donde el placer de recorrerlas se agotará con el cansancio de subirlas. No es una frase hecha con un intento vano poético. Es un hecho que nos acompañó el resto del día y del viaje. No abundan pueblos medievales sin algún empinamiento empedrado, que con un carro relleno de una bebé de 6 meses y un sol guerrero que se impuso a las predicciones de lluvia, en algún momento nos supusieron un reto. Avisado está el lector.


Nuestra siguiente parada fue el pueblo de Roussillón, quince minutos al este en coche. Así como en Gordes te llena los ojos un pueblo colgante con unos colores grisáceos por las casas construídas en roca, en Roussillon el ocre domina la vista con todo tipo de tonos rojizos y marrones. Por lo visto, aquí se encuentra uno de los depósitos de ocre más grandes del mundo. Ésta gama de color lo convierte en un pueblo peculiar y muy dado a atraer no sólo turistas sino a algún que otro pintor. Aunque la iglesia Saint Michel es del siglo XI, la mayoría de casas son del siglo XVIII, por supuesto, de color ocre.



Isa con Daniela subiendo las calles de Roussillón

Callejuela tras callejuela, subiendo y bajando se nos hicieron las 3, hora ya muy tardía para los franceses para comer. Pero tuvimos suerte y nos atendieron con un menú resultón y no muy caro en uno de los restaurantes que allí abundan. Para nuestra sorpresa, ni Gordes ni Roussillón tenían demasiados turistas en el mes que estábamos: abril, eso sí, pero no era Semana Santa. Ah, y el parking para coches aquí te descontaba 3 euros del bolsillo; eso sí, 3 euros para todo el día.


Así que nuestros cansados cuerpos nos pidieron que volviéramos a casa a descansar, que ya valía de puertos épicos dignos de un Tour de France de carro de bebés, y que una cerveza sería una medicina ideal para reponer fuerzas. Pero claro, en casa no teníamos de nada salvo cuatro tonterías, así que ya de vuelta decidimos que íbamos a parar en

L´isle-sur-la-Sorgue a comprar comida, y así de paso fisgonear a ver si merecía la pena el pueblo más grande de la zona.


Al llegar ya vimos que el pueblo tenía buena pinta. No era tan medieval, ni con cuestas, ni con calles estrechas; los canales rodeaban el casco antiguo...vale, decidimos que íbamos a visitarlo una tarde o una mañana cuando tuviéramos más energía que la que nos quedaba ése día. Así que hicimos unas fotos rápidas atardeciendo, entramos al super y compramos unos tomates con muy buena pinta que íbamos a aderezar con aguacate y aceite de oliva. Lo que no sabíamos era que los tomates que estabamos comprando son uno de los puntos fuertes de la Provenza. Cuando por fin los cenamos en casa, flotamos de gusto. Esos pinches tomates fueron increíblemente de lo mejor del viaje. Qué bien dormimos ésa noche.



Nuestra deliciosa cena de tomates provenzales

DIA 2 : LOUMARIN, BONNIEUX Y UN INTENTO FALLIDO DE COLORADO


Un día nuevo nos esperaba en una mañana ya no tan joven. Los café espresso de un desayuno casero nos supieron a gloria dado que el buen café no parece ser el fuerte de ésa zona. Y allá que fuimos, a Rustrel a ver el Colorado francés. Aparcamos llenos de energía, así que a pesar de ver que para llegar al "cañón" había que recorrer un camino que parecía de caballos, nos lanzamos con el carro de Daniela y ella dentro. Hasta que lo predecible ocurrió: tras 10 ó 15 minutos caminando a buen ritmo, un gran charco con cuesta nos dijo que por ahí no pasábamos. Para colmo, 5 minutos antes el dron también se había negado a despegar debido a un rotor roto. Sin más dilación, nos dimos la vuelta para poder aprovechar el día en otros menesteres. El destino siguiente que elegimos fue Lourmarin.


Llegamos a Lourmarin, un pueblo que por alguna razón refleja un toque más acicalado. A lo lejos, en las afueras se ve su famoso castillo renacentista y medieval. No lo visitamos porque ya veníamos cargados de cansancio acumulado del día anterior y del fallido intento de "Colorado". Lourmarin tiene las típicas calles adoquinadas que llevan a la iglesia del pueblo. Y las calles están llenas de tiendas chic que llaman la atención por estar en un pueblo, lo que nos indica que por ésa zona hay clientes con pasta. Por lo visto la zona está llena de casas de millonarios y famosos. Por supuesto, se nos hicieron las 3 y nos negaron comer en una pizzería que tenía muy buena pinta. Así que el día continuaba algo gafe (Colorado, dron, y ahora comida) y recorrimos las calles que nos faltaban buscando un sitio en el que nos dieran de comer. Acabamos en la típica sandwichería aparentemente cutre donde nos pusimos las botas por cuatro duros. El local se llamaba "Pain Garni", y si se tiene un presupuesto algo justo, es el lugar ideal. Encima tiene vistas al castillo, es tranquilo y tiene sombra. Para rematar, no cobran por aparcar en el pueblo, por lo menos en la entrada.



Castillo de Lourmarín de fondo

Comimos y sin terminar la digestión, apretamos el acelerador a Bonnieux. Éste pueblo parece más grande que Lourmarin, tiene aún más cuestas, y no tantas tiendas chic. Su belleza nos conquistó en seguida, pero después del movimiento de turistas de Lourmarín, Bonnieux casi parecía un pueblo fantasma en comparación. El pueblo se encuentra en lo alto de un risco, con lo cual, nos esperaban unas apetitosas cuestas. Así hicimos lo que ya era una rutina en cada pueblo, aparcar (ésta vez gratis también), ponernos cachas a base de subir y bajar calles medievales, ver iglesias antiguas, cruzar túneles callejeros, y terminar echando alguna cerveza en la terraza de alguna tasca con alguna mesa en equilibrio contra la gravedad. Desde luego, el pueblo era grande y seguramente no lo vimos todo, pero de nuevo nuestras piernas cansadas y su sindicato nos exigían un respiro y una pronta vuelta a casa. Así hicimos. Tomateamos antes de caer rendidos en las redes de nuestras sábanas.



La iglesia de la parte baja de Bonnieux

DÍA 3 : SAINT REMY, HOSPITAL SAINT PAUL Y ARLES


Como también descansamos bien ésa noche, nos animamos a la excursión más larga del viaje: Saint Remy y Arles, éste último a poco más de una hora de Lagnes.


Saint Remy es un pueblo cuco y con bastante movimiento de turistas que forma parte de una ruta de Van Gogh, ya que éste pintor ingresó en el sanatorio del pueblo (Saint Paul) durante un año. Visitamos tanto el pueblo como el hospital de Saint Remy. El pueblo está lleno de restaurantes y tiendas, y curiosamente, lleno de artistas que venden sus cuadros, quizás siguiendo las huellas de Van Gogh. Allí nos quedamos pegados a la cristalera del taller del pintor checo Kamil Vojnar.

Pintura de Kamil Vojnar

Sus pinturas tienen un punto tétrico a la vez que son tan realistas que a menudo parecen fotografías. Así que tras titubear un poco (por el precio) nos llevamos 2 pinturas pequeñas de éste pintor.


Él mismo nos recomendó ir al día siguiente (domingo) a L´isle sur La Sorgue a la Feria de antiguedades, cosa que por cierto hicimos.


El pueblo de Saint Remy en sí es muy bonito, y también tiene su ración de callejuelas medievales, edificios románicos y restaurantes turísticos. Callejeamos por todo ello donde había constantes referencias a Van Gogh, cafeteamos un café que nos dejó un sabor regular, y agradecimos que no abundaran las cuestas. Esto nos dejó fuerzas para ir al hospital de Saint Paul en las afueras del pueblo, donde Van Gogh usó la pintura como método para tratar de poner orden en su cabeza. Pintó convulsivamente casi 150 cuadros en un año, muchos de ellos los más famosos de su carrera. El jardín o bosquecillo de las afueras del hospital estaba precioso el día que llegamos.



Afueras del hospital de Saint Remy donde estuvo Van Gogh

Se podía apreciar el porqué de tanta inspiración para los artistas y no artistas que allí han residido. La razón muy probable por la que ingresó Van Gogh en éste hospital fue lo que no sabemos si llegó a ser una pelea con su amigo hasta entonces y también pintor, Gauguin. El resultado de ésta discusión fue una oreja menos pegada a la cabeza de Vicente. Alguien le debió recomendar éste sitio. Quizás se lo recomendara el propio Gauguin.


Ésta famosa pelea tuvo lugar en Arles, donde habitaba Van Gogh en aquel entonces, y ése iba a ser nuestro siguiente destino. Pero de camino nos dimos cuenta que se había hecho tarde para comer y ya eran pasadas las 3. Todos los restaurantes que veíamos ya estaban cerrados, así que desde el coche y a través de su móvil Isa encontró un restaurante en mitad de la nada y en medio de un paisaje de lo más provenzal. No sabíamos cuánto íbamos a disfrutar de ésa comida. El menú costaba 35 euros por barba más bebida, y parecía el típico restaurante que seguramente no nos hubieramos planteado por el sitio, precio, etc, pero la hora y el hambre no nos daban opción.



Menos mal que nos acogieron con los brazos abiertos aún estando lleno.


El restaurante se llamaba Le Relais du Castelet. El camarero hablaba bien el castellano, lo que contrastaba con nuestro oxidado francés, y eso ayudó.

No podemos más que decir que estaba todo increíble, especialmente los platos de carne.


Pero el vino y la copiosa comida no hizo más que ponernos otra cuesta arriba para llegar a Arles, antigua ciudad romana.


Llegando a Arles una gran muralla romana se veía ya desde el horizonte.


Y conforme nos acercábamos se intuía una ciudad muy bonita y con mucha historia. Ésta comienza con los romanos, como ya hemos dicho, y el impresionante anfiteatro se va a interponer en tu camino a nada que callejees, así como otros monumentos romanos muy bien conservados. Debido a que el río Ródano pasa por ella, Arles fue una ciudad potente económicamente hasta que se inventó el ferrocarril, el cual quitó importancia a su puerto. Así que de repente se convirtió en un sitio tan tranquilo, que atrajo a innumerables artistas buscando la paz de sus mentes. No es tan evidentemente medieval como algunos de los pueblos que visitamos, pero también tenía palacios de ésa época esparcidos por aquí y por allá. Al ser una ciudad, no era tan tranquila como probablemente lo fuera en la época de Gauguin, y nos encontramos bastantes artistas callejeros, mendigos y ajetreo generalizado del que nos dimos cuenta nos habíamos olvidado en literalmente 2 días perdidos entre los pueblos. Así que el ruido y el cansancio se unieron una vez más para convencernos de volver a casa y quién sabe si no ver Arles el tiempo que se merecía.



Anfiteatro de Arles detrás de Daniela e Isa

DÍA 4 : L´ISLE SUR LA SORGUE Y MENERBES


El sol entró por la ventana. El café mañanero nos espabiló y cuando abrimos los ojos del todo ya estábamos camino de L´isle Sur La Sorgue y su mercado de textiles y antigüedades. La excusa nos serviría para terminar de ver sus canales sobre el río Sorgue.


Éste mercado y su pequeña ciudad destacan por tener productos de calidad en anticuarios de nivel mundial. No lo sabíamos ése día, pero ése domingo (el mercado suele ser los sábados) era especial pues formaba parte de una Feria internacional de Arte y Antigüedades. Así que nos pusimos a caminar por sus tenderetes ejerciendo de guiris. Había mucha comida de la región, flores, ropa y como no, antigüedades. Cada pocos pasos daban ganas de fotografiar algo de la calle. Vimos que en el pueblo abundan tiendas gourmet de chocolate, queso, anticuarios, y restautantes a cada cual más cuco que el anterior; pero había tanta gente que los 3 nos cansamos en seguida de caminar y nos refugiamos en el café du Village que nos habían recomendado el día anterior. Allí en seguida vimos que se respiraba un ambiente más tranquilo. Nos enchufamos un café y un croissant por barba adulta, y volvimos a coger el volante a ninguna parte.



Daniela e Isa en uno de los canales del río Sorgue en L´isle sur la Sorgue

Ése lugar en ninguna parte se llamaba Menerbes. Era nuestro último día por la zona antes de ir a Avignon. Menerbes no lo teníamos como uno de los pueblos favoritos a visitar, pero había que rellenar con algo y despistar el cansancio acumulado. Y vaya si lo despistamos, y eso que cómo no, estaba en lo alto de una colina, como buen pueblo medieval. Alucinamos con lo bonito que era; tanto, que dudamos si ponerlo como el pueblo más bonito de la zona. Quizás fue porque no nos lo esperábamos. Quizás fue porque era el último pueblo por visitar y nos hizo el mismo efecto que te hace el oler muchas colonias, y ya no sabíamos qué veíamos. El caso es que sacamos fuerzas de ése mismo lugar, o sea, ninguna parte, y arramplamos con esa colina con forma de pueblo que alguien algún día puso allí.


El pueblo es pequeño, pero tiene un algo que te hace evocar fácilmente un pasado muy lejano. Menerbes estuvo en mitad de las guerras religiosas del siglo XVI, con lo que sus adoquines han debido sangrar lo suyo. Abundan las villas impresionantes que evocan personajes con influencia antaña; y aunque es un pueblo precioso, apenas se ve un alma viviendo allí. La media de edad de los pocos allí residentes debe ser bastante alta por lo que vimos. Y los tiempos donde artistas importantes como Picasso venían a inspirarse parecen también ya lejanos.


Una de las cuestas de Menerbes con Daniela e Isa

Como casi todos los días, se nos hizo tarde para comer en el horario francés. Así que nos fuimos de Menerbes a algún lugar de los alrededores buscando algo para comer. Con los pensamientos ya nublados y las piernas entumecidas, nos sentamos a comer una hamburguesa en alguna parte que no registramos. Aún había que hacer las maletas y no teníamos ningún plan especial donde hacer de guiris. Así que tras la comida volvimos a casa, nos relajamos, hicimos las maletas, tratamos de hacer algún timelapse fallido para el vídeo del viaje, y nos acostamos temprano.


DÍA 5: AVIGNON


Llegamos a Avignon a mediodía, y fuimos directos al hotel Central, donde teníamos una habitación para nuestra última noche en la Provenza. Éste hotel de 2 estrellas es muy recomendable porque está muy bien ubicado, es cuco, y es muy razonable de precio...peeeeero, no había ascensor en la zona de habitaciones que nos tocó. Así que cuando llegamos con todos los trastos (maletas, mochilas, carro de Daniela...) y nos topamos con unas escaleras de hace probablemente 2 siglos, lo cuco que tenía el hotel se desintegró en un sudor frío. Pero nos gustaba el sitio lo suficiente como para ponernos cachas temporalmente con esos escalones. Eso sí, el carro se quedaría felizmente en un hueco del lobby. Dejamos todo (salvo el carro) en la habitación y fuimos raudos a callejear por las calles medievales de Avignon (y con el carro).


Con el mapa que nos dieron en el hotel, lo primero que visitamos fue el Palacio Papal. En el siglo XIV, Avignon fue una especie de lo que ahora es el Vaticano. Siete Papas de ésa época, también llamados Obispos de Roma, vivieron en el espectacular palacio que destaca en el centro de la ciudad. Allá por donde caminas ves la herencia del poder y riqueza que allí debió campar a sus anchas. Las guerras de los católicos contra los cátaros, o contra los protestantes de épocas medievales, son muchas de las guerras que marcan la historia de ésta ciudad y su comarca.


Daniela e Isa en el puente Eduard Daladier de Avignon con el palacio Papal y la catedral de fondo

La ciudad tiene un encanto especial aderezado por el río Ródano que rodea parte de la ciudad antigua amurallada. Desde uno de los puentes que cruza el Ródano, te puedes imaginar cuan fortín debió ser ésta ciudad para defender a los líderes de la religión católica de la época.


Pero como tantas veces en éste viaje, nuestras piernas agotadas pedían un descanso. Y encontramos el mejor café espresso de toda Provenza en el café Tulipe. No es barato, pero si se es cafetero y se visita Avignon, es parada obligatoria. En el mismo día fuimos 2 veces, porque la verdad que el café en el resto del viaje fue bastante flojete. Y en éste café nos resarcimos con alevosía y premeditación.


Repuestas las fuerzas, fuimos a la calle de de los tintoreros (rue des teinturiers) que está marcada por el canal de Sorgue con cuatro molinos. Los molinos, que antiguamente llegaron a ser veintitrés, se utilizaban para enjuagar las telas de los tintoreros, sobre todo la apreciada seda. Ésta calle fue el centro económico de la ciudad de Avignon del siglo XIV hasta el XIX. Ahora abundan los teatros, que la convierten en el centro cultural de la ciudad actual. No hay un buen teatro sin un buen café al lado para comentar la obra de turno. Así que, efectivamente, abundan también los cafés en ésta calle que parece pensada para relajarse caminando a la sombra de los olmos que bordean el canal.


La Place de L´Horloge, que es la plaza del ayuntamiento, es la que parece el centro de la ciudad durante el día. El tiovivo plantado delante del ayuntamiento atrae a las familias de toda la ciudad, y claro, choca con la tranquilidad que da el paseo de la rue des teintures. Eso sí, el toque cultural de ésta plaza se lo da la ópera allí ubicada.


Así que tras muchas batallas medievales, cuestas con final de cerveza o café, montones de franceses amabilísimos (nos gustaría recalcar esto) y drones heridos en el brazo, llegamos al final de éste viaje que disfrutamos al máximo acompañados y liderados por una preciosa bebé de 6 meses con la que fue mucho más fácil viajar de lo que jamás pensamos. El recuerdo de éste viaje es tan disfrutón, que sería una pena que quedara en eso, un recuerdo que se fuera como el vaho con el tiempo. Dice la leyenda que existe un vídeo por ahí que dibuja nuestros pasos allá por los adoquines de la vieja Provenza. Por no hablar de éste manuscrito que alguien está leyendo en éste preciso instante.





#Provenza #Viaje #Bitácora

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